Ella, hundida en la tierra hasta el cuello y los pies colgando. Sintiendo el vértigo de lo endeble que es el mundo. La taquicardia en sus huesos absorbió su cuerpo y su respiración ya no era profunda, ya no llegaba donde debía. Ya no satisfacía como solía. El pecho se le abrió y de el emanaba la lengua estrellada de Coatlicue. oscurecía, tenia el aliento con sabor a soledad, a abandono. Ya no sentía.. Flotaba en su cráneo lleno de jaguares descompuestos. Nuestra divinidad la abrasaba en su falda de serpientes, con sus afiladas cuchillas, extensión de su muñeca, recorría su cuello, su pecho, sus poros los desgarraba con tal sutileza como una caricia. En su regazo de madre mortífera, madre sedienta de una raza inferior. Queriendo extender su collar con aquella presa, con la liebre fétida a miedo.
Abre tus venas y concédele todo a la virgen de la vida y la muerte. Que todo le debes. Que de sus senos todo nace y todo devora, entíntate celeste y desaparece tras sus garras. Y en el limbo espera el amanecer, verla decapitada y honrarla, venerarla, que serás parte de su collar. nada mas.
lunes, 2 de febrero de 2009
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